lunes, 12 de febrero de 2018

Siete de Copas: Corrupción



            Siente un calor en todo el pecho, y un halo dorado bordea su visión. Siente como si todo se viera a través de un filtro de algodón de azúcar que entibia el aire.


Es primera vez que gana un sueldo. Nunca había logrado trabajar todo un mes sin que lo echaran. Es un importante logro, y todos están ahí. Su familia y sus amigos; por primera vez ve a su padre sonreír, incluso lleva una camisa limpia. Su madre le horneó galletas y se las enseña, mientras lágrimas de orgullo ruedan por su cara. Su hermano pequeño está contento; ha logrado quitarse el ceño fruncido, y anda limpio. Están sus amigos de la infancia, los mejores que ha tenido. Es tanta la alegría que también rompe a llorar; no los veía hace 6 años, por lo menos. Y los extrañaba. También está su novia, bueno, su ex. No la veía desde que se fue, esa vez que… También está el Horacio, el que le hizo el pituto y le consiguió la pega. Que buen cabro es el Horacio, incluso, pa’ celebrar lo invitó a… ¿A qué lo invitó? ¿Dónde está?

Está doblado sobre sí mismo. Echado sobre un costado. Intenta erguirse, pero está lánguido y pesado. Aún se siente maravillosamente bien, pero nota el cuerpo encogido y tieso, y a través del rosado,puede ver una pieza oscura. La pintura se descascara por la humedad.

Y siente un dolor en el brazo. Lo tiene hinchado, y siente como que le clavaran un punzón. Se cayó sobre la extremidad, y se está apretando algo contra el músculo.

Es una jeringuilla. Se rompió bajo la presión del cuerpo, y está enterrada en el brazo hinchado por el elástico que lo estrangula.

Su familia ya no está. Ni sus amigos. Ni ella. Ni siquiera está el Horacio.

El Horacio…

El Horacio lo llevó al trabajo, y gracias a él lo aceptaron. El Horacio lo felicitó cuando terminó el mes, y lo invitó a picarse. Él le dijo que no quería, que ya había aguantado un mes, con todo el sacrifico que significó: las tersianas, el sudor frío, el vómito y todos los síntomas de la abstinencia. Se peleó con todos quienes se acercaron. Llevaba un humor insoportable. Pero Horacio lo acompañó, y le dijo:

-Te lo mereces.

Está sobre una manta húmeda y mohosa. Está solo en una casa desocupada y ruinosa.

Debe ser lunes, o martes. El sol ya se pone.

¿Me lo merecía?- Se pregunta angustiado. Y rompe a llorar en soledad.








(Más información sobre la carta en http://www.corax.com/tarot/cards/index.html?cups-7)

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