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domingo, 18 de febrero de 2018

Ocho de Espadas: Inteferencia


            Pasado el medio día el sol alumbra el ladrillo sobresaliente de la pared de mi celda. 


Entró un avecilla. Nunca había ocurrido que algún animal se atreviera a pisar este espacio maloliente. Bajó como si se deslizara por el débil rayo de luz que entra por la grieta del techo

            Puedo comérmelo. Dios sabe hace cuanto no como carne. O puedo enviar un mensaje en su patita.

            No lo sé. Pero no puedo dejar que se escape.

            Lo voy a atrapar… No. Está oscuro y lo puedo dañar.

            Voy a tapar la grieta… pero me quedaría sin luz y el pajarillo podría chocar.

          Una vez me enseñaron que ante una cuestión difícil es mejor esperar. Lo que más he aprendido en estos años es a tener paciencia y a agachar la cabeza para no recibir más golpes de los necesarios.

            Siento como mi instinto de supervivencia se agita y se vuelve loco viendo una oportunidad de salvación. Pero no puedo permitir que el ímpetu me haga perder esta oportunidad.

            Me cruzo de piernas y observo al pequeño pajarillo, con calma. Como si quisiera decirme algo con sus movimientos.

            Está comiendo unas migajas en la esquina.

            Creo que quedan otras migas detrás de mí.

            Las tomo con lentitud y las arrojo de a poquito al avecilla. Eso, puedo crear una especie de rastro. El avecilla se sobresalta y vuela un poco, pero las migas le resultan muy atractivas. Dejo el resto de las migas secas en mi mano, y me acuesto en el suelo, esperando que la coma.

            Saltito, saltito… y está comiendo de mi mano. Excelente.

            Ahora se va, y vuela hacia la grieta.

          Guardaré un trozo cuando me traigan comida. Dejaré uno en la grieta, y guardaré el resto en el bolsillo por si viene de nuevo.

            Quiero intentar acostumbrarlo a volver a aquí. Quizás así, si lo mando con un mensaje, pueda volver.

            Voy a dormir ahora.

            ***


            Pasado el mediodía el sol alumbra el ladrillo sobresaliente de la pared de mi celda.

Una avecilla baja como si se deslizara por el débil rayo de luz que entra por la grieta del techo







http://www.corax.com/tarot/cards/index.html?swords-8

lunes, 12 de febrero de 2018

Siete de Espadas: Inutilidad



            A veces me paraliza una desidia que es miedo. Es una sensación vaga que se interpone como un velo ante mis objetivos, y que me impide verlos con claridad.


            Es como un humo de inseguridades que nubla mi visión. Por un lado, me siento incapaz de realizar cualquier obra de arte de calidad, o cualquier trabajo destacado, pero debo recordar que sin hacer trabajos malos, o mediocres, no se puede mejorar hacia los superiores. Son parte del proceso. Pero muchas veces me censuro pensando que no vale la pena gastar energía en algo tan burdo.

            Y, como una trampa, si logro trascender ese miedo, me acecha el temor a no ser alguien especial. Desde niño me dijeron que era muy especial, que podía hacer lo que quisiera, blablablá.  Y durante tres décadas he tenido que luchar con el orgullo, la aceptación y la frustración de reconocer mis límites de forma realista. A la vez es una lucha por no caer en la derrota y subestimar mis habilidades.

            ¿Y por qué quiero ser alguien especial? Antes era porque quería la alabanza del resto. Quería sentir su aprobación, y su amor, aunque sólo fuera en forma de sexo ocasional y vítores. Pero ya no es eso. Ahora es sólo porque veo miserable a mucha gente llevando vidas normales. Trabajando más de 40, 50, 60 horas semanales, y sacrificando su bienestar, su amor y sus familias para comprar un televisor más grande.

            Pero ya lo he logrado. Puedo trabajar pocos días por un sueldo decente, y me puedo permitir disfrutar una vida tranquila desde ahí. Pero no estoy tranquilo. Siento que estuviera destinado a algo más. No quiero trabajar para nadie. Quiero que mi obra consuma mi tiempo, y que mi obra sea mi sustento. Quiero ser artista. Pero es la interfaz con el mundo pecuniario lo que falta. Debo ser mi propio agente y mi propio producto.

            Ya no importa la veneración ni las vanidades, sólo me interesa dedicar todos mis esfuerzos a la exploración artística; a la música, la escritura; hacia el Arte de los alquimistas y los magos; a la búsqueda de la sinceridad, de la belleza; y de lo que hay en el fondo del alma y del Universo. Y disfrutarlo.