domingo, 10 de diciembre de 2017

En el Futuro

Ilustración por MasPix. https://maspix.deviantart.com
En el futuro los humanos son semidioses. Y los semidioses son héroes y también idiotas.

En el futuro los semidioses planean por las montañas como cóndores y surcan los ríos mejor que una trucha; corren rápido como un meteorito y calculan algoritmos en menos de un pestañeo.

En el futuro, los semidioses idiotas ven imágenes y oyen sonidos de cualquier parte del mundo a través de la palma de su mano, donde llevan injertos circuitos de metales paridos por el desierto, que dan una vuelta al mundo antes de volver convertidos en cableríos por donde los llantos de niños chinos esclavos se vuelven información digital fácilmente traducible.

En el futuro los semidioses se visten con prendas hechas de almas de niños de Bangladesh estiradas para hacer finísimas hebras, teñidas con los más vivos colores.

En el futuro los Emperadores intercambian insultos a la vista de todos, en poesía prosaica y desabrida, en un solo verso de doce docenas de letras, sin ninguna rima.

En el futuro los semidioses chupan opio por los ojos y soma por los oídos.

En el futuro digitalizan la vida de los violadores y la proyectan en la plaza pública para que les arrojen tomates y una gruesa de caracteres llenos de odio. Los semidioses eyaculan en las páginas del Sagrado Libro de los Rostros, lo cierran y se lo meten por el ano hasta que el violador muera para expiar sus pecados o hasta que aparezca el próximo.

En el futuro los semidioses intercambian atados de fotones, puntillismos de luz hechos ilusión digital por corazones metafóricos hechos de ilusión de amor propio.

En el futuro descubren como hipnotizar a los pobres para que se conecten voluntariamente a maquinarias obsoletas que dializan su sangre, cambiándola por harina de pescado, plástico y aparatos electrónicos chinos. Los nutrientes extraídos en el proceso se transforman en ambrosía del Dios Emperador Empresario.

En el futuro comen chocolate con sabor a preadolescencia africana robada, sangre y praliné.

En el futuro se idolatran dioses entre semidioses, que no son más que humanos elevados al estrellato a través del sacrificio de sus genitales y su cordura.

En el futuro, los hijos de los semidioses crecen obesos comiéndose a la progenie de países de tercera categoría.
En el futuro los semidioses retratan su comida pero no la comen. Se alimentan de luz y de ceros y unos.

En el futuro hay una Piedra gigante y añosa que recita encíclicas a los vientos. La última encíclica dice que la mejor forma de conectarse con Dios es vivir en anos inmaculados y vírgenes, saliendo de vez en cuando a succionar la savia de testículos prepúberes.

En el futuro los semidioses usan tecnología genética y condicionamiento pabloviano para transformar a los lobos en bebés humanos eternos; lampiños y serviles, contrahechos y enfermos.

En el futuro el Dios de la Mentira y el Engaño es Príncipe y Emperador.

En el futuro los semidioses pasean con correa a la policía, y los alimentan con carne de los hijos de la tierra, y con el cadáver del engendro fruto de la cópula de la violencia y la pasta base.

En el futuro los semidioses escupen palabras al cielo, que rebotan contra artefactos metálicos que los deflectan hacia otro ser divino.

En el futuro hay un profeta de barba y ceño fruncido, que aburrido de que no escuchen sus vaticinios, decide reescribir la historia del país, revelando secretos y enfrentándose a los guardianes de los anales artificiales de una patria como el engrudo; Una patria insípida y gris, hecha de medias memorias y próceres en culotes franceses, cocinada a fuego de metralla, aliñada con genitales chamuscados y manos reventadas a martillazos, teñida con algún fuego artificial del 4 de julio.

En el futuro los semidioses se atragantan con animales inyectados de sodio y cáncer, por gusto. Dislocan la mandíbula hasta el suelo para comer jabalíes y ñandúes. Chupan leche con pus de las tetas de vacas colgadas y desolladas vivas, chupan yemas de las cloacas prolapsadas de gallinas sin garras y sin picos que viven hacinadas. Comen filetes de salmón caníbal apanado en antibióticos y lo pasan con Coca-cola.

En el futuro encierran a los chamanes, ignorantes de su vocación, anestesiados por la electricidad y los opíaceos.

En el futuro los semidioses apuestan sus impuestos en las carreras de taquiones y bosones.

En el futuro le cortan la lengua, el escroto y la cabeza a los hijos de los semidioses para que sean todos iguales.

En el futuro los semidioses del Pueblo chocan sus motos de nieve borrachos en bourbon imperialista y los semidioses del Dinero y Crédito abrazan a Luchín para un retrato propagandístico.

En el futuro los semidioses temen de su propio poder, enloquecen ante su potencia, y prefieren adormecerse con caramelos psicotrópicos, mirando carnes de luz proyectadas sobre sus córneas, bailando en un mar negro de depresión y necrosis.

En el futuro los semidioses que logran recordar su ascendencia divina crean máquinas de letras, artefactos de colores y circuitos de vibración y movimiento para que su consciencia viaje al pasado, advierta los protodioses y así cambiar el futuro desde el presente.



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