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| Ilustración por MasPix. https://maspix.deviantart.com |
En el futuro los
humanos son semidioses. Y los semidioses son héroes y también idiotas.
En el futuro los
semidioses planean por las montañas como cóndores y surcan los ríos mejor que
una trucha; corren rápido como un meteorito y calculan algoritmos en menos de
un pestañeo.
En el futuro, los
semidioses idiotas ven imágenes y oyen sonidos de cualquier parte del mundo a
través de la palma de su mano, donde llevan injertos circuitos de metales
paridos por el desierto, que dan una vuelta al mundo antes de volver
convertidos en cableríos por donde los llantos de niños chinos esclavos se
vuelven información digital fácilmente traducible.
En el futuro los
semidioses se visten con prendas hechas de almas de niños de Bangladesh
estiradas para hacer finísimas hebras, teñidas con los más vivos colores.
En el futuro los Emperadores
intercambian insultos a la vista de todos, en poesía prosaica y desabrida, en un
solo verso de doce docenas de letras, sin ninguna rima.
En el futuro los
semidioses chupan opio por los ojos y soma por los oídos.
En el futuro digitalizan
la vida de los violadores y la proyectan en la plaza pública para que les
arrojen tomates y una gruesa de caracteres llenos de odio. Los semidioses
eyaculan en las páginas del Sagrado Libro de los Rostros, lo cierran y se lo
meten por el ano hasta que el violador muera para expiar sus pecados o hasta que aparezca el próximo.
En el futuro los
semidioses intercambian atados de fotones, puntillismos de luz hechos ilusión
digital por corazones metafóricos hechos de ilusión de amor propio.
En el futuro descubren
como hipnotizar a los pobres para que se conecten voluntariamente a maquinarias
obsoletas que dializan su sangre, cambiándola por harina de pescado, plástico y
aparatos electrónicos chinos. Los nutrientes extraídos en el proceso se
transforman en ambrosía del Dios Emperador Empresario.
En el futuro comen
chocolate con sabor a preadolescencia africana robada, sangre y praliné.
En el futuro se
idolatran dioses entre semidioses, que no son más que humanos elevados al
estrellato a través del sacrificio de sus genitales y su cordura.
En el futuro, los
hijos de los semidioses crecen obesos comiéndose a la progenie de países de
tercera categoría.
En el futuro los
semidioses retratan su comida pero no la comen. Se alimentan de luz y de ceros
y unos.
En el futuro hay
una Piedra gigante y añosa que recita encíclicas a los vientos. La última
encíclica dice que la mejor forma de conectarse con Dios es vivir en anos
inmaculados y vírgenes, saliendo de vez en cuando a succionar la savia de testículos
prepúberes.
En el futuro los
semidioses usan tecnología genética y condicionamiento pabloviano para transformar
a los lobos en bebés humanos eternos; lampiños y serviles, contrahechos y
enfermos.
En el futuro el
Dios de la Mentira y el Engaño es Príncipe y Emperador.
En el futuro los
semidioses pasean con correa a la policía, y los alimentan con carne de los hijos de la tierra, y con el cadáver del engendro fruto de la cópula de la violencia y la pasta base.
En el futuro los
semidioses escupen palabras al cielo, que rebotan contra artefactos metálicos
que los deflectan hacia otro ser divino.
En el futuro hay
un profeta de barba y ceño fruncido, que aburrido de que no escuchen sus
vaticinios, decide reescribir la historia del país, revelando secretos y
enfrentándose a los guardianes de los anales artificiales de una patria como el
engrudo; Una patria insípida y gris, hecha de medias memorias y próceres en
culotes franceses, cocinada a fuego de metralla, aliñada con genitales
chamuscados y manos reventadas a martillazos, teñida con algún fuego artificial
del 4 de julio.
En el futuro los
semidioses se atragantan con animales inyectados de sodio y cáncer, por gusto.
Dislocan la mandíbula hasta el suelo para comer jabalíes y ñandúes. Chupan
leche con pus de las tetas de vacas colgadas y desolladas vivas, chupan yemas
de las cloacas prolapsadas de gallinas sin garras y sin picos que viven
hacinadas. Comen filetes de salmón caníbal apanado en antibióticos y lo pasan
con Coca-cola.
En el futuro
encierran a los chamanes, ignorantes de su vocación, anestesiados por la
electricidad y los opíaceos.
En el futuro los
semidioses apuestan sus impuestos en las carreras de taquiones y bosones.
En el futuro le
cortan la lengua, el escroto y la cabeza a los hijos de los semidioses para que
sean todos iguales.
En el futuro los
semidioses del Pueblo chocan sus motos de nieve borrachos en bourbon
imperialista y los semidioses del Dinero y Crédito abrazan a Luchín para un retrato propagandístico.
En el futuro los
semidioses temen de su propio poder, enloquecen ante su potencia, y prefieren
adormecerse con caramelos psicotrópicos, mirando carnes de luz proyectadas
sobre sus córneas, bailando en un mar negro de depresión y necrosis.
En el futuro los
semidioses que logran recordar su ascendencia divina crean máquinas de letras,
artefactos de colores y circuitos de vibración y movimiento para que su
consciencia viaje al pasado, advierta los protodioses y así cambiar el futuro
desde el presente.

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